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Nabucodonosor, limones y una cura digestiva

En las últimas décadas los ensayos clínicos han permitido salvar y mejorar la vida de muchas personas. Estos estudios clínicos permiten garantizar que lo que llega a las farmacias de cada país del mundo haya pasado por una verificación y chequeo. Se han convertido, por tanto, en prácticas indispensables para hallar nuevas formas de tratamiento y diagnóstico de enfermedades.



El primer ensayo clínico de la historia aparece en la Biblia, más concretamente en el libro de Daniel. Fue realizado por el rey Nabucodonosor al ordenar a su gente comer solo carne y beber sólo vino, creyendo así que los mantendría en buena condición física. Varios hombres de sangre real que preferían comer verduras se opusieron a esta medida y el rey les permitió hacer una dieta de legumbres y agua durante diez días. Cuando se cumplieron los diez días los que habían estado alimentándose de legumbres y agua parecían mejor nutridos que los que habían estado comiendo solo carne y vino, algo que hizo que el rey tomara la decisión de permitir que siguieran con su dieta de legumbres.

Si Nabucodonosor, sin saberlo, fue el primero en realizar el primer ensayo clínico de la historia, el primer estudio clínico de una nueva terapia lo llevó a cabo, de manera accidental, el célebre cirujano Ambroise Paré mientras servía con el Mareschal de Montegni.

Paré, ante el alto número de soldados heridos que le llegaban del campo de batalla y la escasez de medios para tratarlos, tuvo que aventurarse en probar un tratamiento fuera de lo convencional que le ayudara con las heridas por arcabuces con las que llegaban los soldados.

Mientras que a algunos de ellos les siguió tratando mediante el método tradicional de aplicar aceite hirviendo sobre las heridas, a otros les suministró un digestivo hecho de yemas de huevo, aceite de rosas y trementina.

A la mañana siguiente el médico fue temprano a revisar el estado de los pacientes y se dió cuenta de que los tratados con el digestivo no tenían las heridas hinchadas ni inflamadas, todo lo contrario de los pacientes tratados con el aceite.

Desde ése día Ambrosie Paré no volvió a utilizar el aceite hirviendo en soldados heridos por arcabuces.

El primer ensayo clínico documentado de la historia fue llevado a cabo por James Lind al investigar en el buque “Salisbury'' la enfermedad de Escorbuto que padecían algunos marineros y que era una enfermedad muy común entre este tipo de trabajadores.

Lind, dividió a 12 marineros enfermos en 6 parejas y le dió a cada uno de ellos un suplemento diferente en su dieta. Resultó que los marineros que tomaron limones fueron los que mejoraron.



Pese al descubrimiento, James Lind tuvo bastantes dudas a la hora de recomendar la ingesta de esta fruta en la dieta de los marineros debido al elevado precio que tenía, pero finalmente, 50 años después, la Armada Británica puso como parte de la dieta de los marineros el jugo de limón.


Estos ensayos clínicos no premeditados fueron marcando el camino para seguir investigando a través de ellos. El que a día de hoy se considera el más innovador es el que se llevó a cabo por el Medical Research Council del Reino Unido de la estreptomicina en Tuberculosis pulmonar, debido a su meticulosidad en el diseño y la implementación, con criterios de inscripción sistemática y recopilación de datos.

Si bien estas prácticas han ayudado en mucho al avance de la medicina y los tratamientos, las pautas éticas que se han ido realizando en ellos han ido aplicándose de manera gubernamental y perfeccionándose a medida que se fue reconociendo la necesidad de controlar las terapias médicas a principios del siglo XX.

Cada época se enfrentará a nuevos retos, nuevos tratamientos y ensayos que se harán para presentes y futuras enfermedades a las que los estudios clínicos tendrán que investigar para encontrar nuevas terapias y fármacos que ayuden a paliarlas y/o superarlas.


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